La Coctelera

Espacio de JacK CroW

Categoría: poesias

28 Septiembre 2006

El Pájaro Herido

¿Cómo te sientes hoy?. ¿Te sientes como un pájaro herido por la vida, porque cuando emprendiste el vuelo, te dispararon antes de llegar? ¿Por qué cuando cerraste los ojos para buscar la luz, se te llenaron de lágrimas? ¿Por qué cuando te sentaste al borde del camino, viste pasar a mucha gente y ninguna se fijó en tí?.

¿Eres un pájaro herido porque el amor que era tu mundo se desplomó de golpe y el nido se te quedó vacío, el corazón hueco y las cosas sin sentido?.

¿Eres un pájaro herido porque aquellas palabras injustas y duras se te metieron en el pecho con más fuerza que una bala?

¿Eres un pájaro herido porque la tierra sin agua se volvió sequía, la semilla sin fruto se volvió cáscara y el jardín sin flores se volvió aridez y esos sueños llenos de esperanza se te han caído por tierra?.

¿Estás herido porque has tenido un derrumbe, porque el camino sin el rumbo que querías, se te ha vuelto pesado y sin la luz que te alumbraba, se te ha vuelto gris y el deber se te ha hecho fatigoso, el tiempo interminable y la vida lágrima y lágrima, soledad y la soledad vacío?

Eres un pájaro herido, pero estás vivo.

Todavía puedes resurgir, despegar, volar y reconstruirte.

Eres un pájaro herido por la vida, pero no encerrado en una jaula, no atrapado por una imposición, no sujeto por algo irremediable.

Tienes alas que te pertenecen y toda la inmensidad paa volar.

Tienes a tu disposición una sonrisa para sembrarla en el dolor, dulzura para la resignación, acatamiento para la rebeldía, paz, aceptación y serenidad, para tu alivio y tu desconsuelo.

Tags: poesias

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22 Septiembre 2006

Edgar Allan Poe - El Cuervo

El Cuervo

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dige-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros,ni consuelo a la pérdida abismal
de áquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que a llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".

Más de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en éste silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama a llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".

Más cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fué a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Ésta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ése penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;

¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".

Más el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces :"Nunca más".

Ésta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
éso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡ Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós éstos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta éste yermo paraje,
a ésta morada espectral? ¡Más te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ánngeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de ésa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará...¡nunca más!.

Tags: poesia, video

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21 Septiembre 2006

Oscar Wilde - El Retrato de Dorian Grey


Oscar Wilde
(1854-1900)

Novelista, poeta, crítico literario
y autor teatral de origen irlandés,
gran exponente del esteticismo
cuya principal característica
era la defensa del arte por el arte.

Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde
nació el 16 de octubre de 1854,
en Dublín y estudió en el Trinity College
de esa ciudad.

De joven solía participar en las reuniones literarias organizadas por su madre.
Más tarde, siendo estudiante
de la Universidad de Oxford,
destacó en el estudio de los clásicos
y escribió poesía;
su extenso poema Ravenna
ganó el prestigioso premio Newdigate en 1878,
y convirtió el estilo bohemio de su juventud
en una filosofía de vida.

En Oxford, recogió la influencia de innovadores estéticos como los escritores Walter Pater y John Ruskin.

De carácter excéntrico, el joven Wilde
llevaba el pelo largo y vestía pantalones
de montar de terciopelo.
Su habitación estaba repleta de objetos de arte,
como girasoles, plumas de pavo real
y porcelanas de china.
Sus actitudes y modales fueron repetidamente ridiculizados en la publicación satírica Punch
y en la ópera cómica de
Gilbert y Sullivan Paciencia.

Fragmento de El Retrato de Dorian Grey
Hacía una noche tan deliciosa y tan templada
que se echó el gabán al brazo,
y ni siquiera se puso en el cuello
su bufanda de seda.

Cuando iba paseando hacia su casa, fumando un cigarrillo, dos muchachos vestidos de etiqueta
se cruzaron con él.

Oyó como uno de ellos cuchicheaba a su compañero: “Es Dorian Grey.
” Recordó cómo le gustaba, antes,
que la gente le señalara con el dedo,
le mirase o hablara de él.

Ahora le cansaba oír su propio nombre.
La mitad del encanto que tenía para él
el pueblecito donde había ido
con tanta frecuencia últimamente,
era que allí nadie le conocía.

Había dicho muchas veces a la muchacha
a quien indujo a que le amara,
que era pobre, y ella le creyó.
Una vez le dijo que era malo,
y ella se echó a reír
y le respondió que los malos
eran siempre muy viejos y muy feos.

¡Qué risa tenía Hetty!
Exactamente como el canto de un tordo.
¡Y qué bonita estaba con su vestido de algodón
y sus anchos sombreros!
Era ignorante, pero tenía todo cuanto él
había perdido.

Cuando llegó a su casa, encontró a su criado, el cual le esperaba.
Le mandó acostar, se echó sobre el sofá de la biblioteca y empezó a pensar en lo que le había dicho lord Henry.

¿Era realmente verdad que no podía cambiar?
Sintió un ardiente anhelo por la pureza inmaculada de su adolescencia, su adolescencia coronada de rosas blancas, como lord Henry
la denominó una vez.

Sabía que él mismo la había empañado,
y corrompido totalmente su espíritu,
causando horror a su imaginación;
que tuvo sobre los demás una influencia perversa
y que experimentó en ser así una terrible alegría:
que de tantas vidas que cruzaron por la suya,
eran las más bellas y las más llenas de promesas
las que él había llenado de vergüenza.

Pero, ¿era todo aquello irreparable?
¿No le quedaba ninguna esperanza?
¡Ah, cómo deploraba el monstruoso momento
de orgullo y de pasión
en que rogó en una loca oración
que el retrato cargase con el peso de sus días
y que él conservase el inmaculado frescor de la eterna juventud!
Todo su fracaso se debía aquello.
Mejor hubiera sido para él que cada pecado de su vida trajese consigo su seguro y rápido castigo.
Hay una purificación en el castigo.
La oración de un hombre al más justo Dios
debiera ser no “perdónaos nuestras deudas”,
sino “castíganos por nuestras iniquidades”.

El espejo maravillosamente tallado que le había regalado lord Henry,
hacía tantos años, descansaba sobre la mesa,
y los cupidos de miembros blancos, reían a su alrededor, como siempre.
Lo levantó, y como hizo aquella noche de horror,
cuando por primera vez notó el cambio en el retrato fatal, se miró, con los ojos empañados de lágrimas, en aquel bruñido círculo.

En una ocasión, alguien
que le había amado locamente
le escribió una carta delirante que terminaba
con estas palabras idólatras:
“El mundo ha cambiado porque tú estas hecho de marfil y de oro.
Las curvas de tus labios escriben de nuevo la historia.”
Aquellas frases le volvieron a la memoria,
y se las repitió a sí mismo varias veces.
Luego odió su propia belleza, tiró al suelo el espejo y aplastó con su tacón
los plateados trozos.
Era su belleza lo que le había perdido,
su belleza y aquella juventud por la que hizo
una súplica.
Pero, a pesar de aquellas dos cosas,
su vida hubiera podido mantenerse inmaculada.

Su belleza había sido tan sólo una máscara para él.
Su juventud, sólo una burla.
¿Qué es, a lo sumo, la juventud?
Una época prematura, una estación de impulsos caprichosos y de pensamientos enfermizos.
¿Por qué había él llevado su librea?
La juventud le había perdido.
Pero, ¿no sería mejor no pensar en el pecado?
Nada podía alterar todo aquello.
Era en sí mismo, en su propio porvenir,
en lo que tenía que pensar.
Jaime Vane yacía en una tumba sin nombre en el cementerio de Selby,
Alan Campbell se mató una noche en su laboratorio,
pero sin revelar el secreto que le había
obligado a conocer.
La agitación actual suscitada sobre la desaparición
de Basilio Hallward desaparecía muy pronto.
Ya iba disminuyendo.
Estaba ahora perfectamente a salvo.
Realmente, era la muerte de Basilio Hallward
la que pesaba más sobre su espíritu.
Era muerte en vida de su propia alma la que le trastornaba.
Basilio pintó el retrato que había mancillado su vida.
No podía perdonarle aquello.
Era el retrato el causante de todo.
Basilio le dijo cosas insoportables y que, sin embargo, él escuchó con paciencia.

El asesinato había sido simplemente
una locura momentánea.
En cuanto a Alan Campbell, su suicidio
había sido un acto espontáneo,
escogido libremente.
Él era inocente.
¡Una nueva vida! Era lo que necesitaba.
Lo que esperaba.
Seguramente había empezado ya.
Había respetado a un ser inocente.
No tentaría más la inocencia. Quería ser bueno.
Al pensar en Hetty Merton, se preguntó si
el retrato de la habitación cerrada había cambiado.
¿Ya no seguiría tan horrible?
Quizá, si su vida se purificara, fuese capaz de expulsar toda señal de perversa pasión de su cara.
¿Quizá habrían desaparecido ya las señales del mal?
Quería ir a verlo.
De la mesa cogió la lámpara y se deslizó por la escalera.
Cuando abrió la puerta, una sonrisa
de alegría cruzó su rostro,
que parecía extrañamente joven, y se detuvo un momento en sus labios.
Sí, sería bueno, y la horrible tela que cuidadosamente ocultaba dejaría de causarle terror.
Sintió como si se hubiera ya librado de aquella carga.
Entró tranquilamente, cerrando la puerta
detrás de él,
como era su costumbre, y tiró de la cortina
púrpura que ocultaba el retrato.
Un grito de dolor y de indignación se le escapó.
No veía ningún cambio excepto en los ojos,
donde había una expresión de astucia, y en la boca,
fruncida por la arruga de la hipocresía.
La cosa resultaba, sin embargo, repugnante,
más repugnante a ser posible que antes,
y el rocío escarlata que manchaba la mano
tembló como sangre vertida recientemente.
Entonces tembló.
¿Era simplemente vanidad lo que provocó su buena acción?
¿O era el deseo de una nueva sensación,
como había insinuado lord Henry con su burlona risa?
¿O ese afán de representar un personaje
nos hace realizar cosas mejores que nosotros mismos?
¿O quizá todo ello? ¿Y por qué la mancha roja era mayor?
Parecía extenderse como una enfermedad horrible
sobre los arrugados dedos.
Había sangre a los pies, como si el lienzo hubiese goteado, sangre hasta sobre la mano que no empuñó
el cuchillo
¿Confesar? ¿Sabía él lo que quería decir confesar?
¿entregarse él mismo y ser empujado hasta la muerte?
Se echó a reír.
Comprendió que la idea era monstruosa.

Además, aunque confesase, ¿quién le creería?
No había ninguna huella del hombre asesinado en ninguna parte, todo lo que le perteneció
se hallaba destruido.
El mismo lo había quemado en el piso bajo.
El mundo diría simplemente que estaba loco.
Le encerrarían si persistía en su historia...
Sin embargo, su deber era confesar, sufrir la vergüenza pública y hacer una explicación,
pública también.
Existía un Dios que exhortaba a los hombres
a decir sus pecados en la tierra lo mismo
que en el cielo.
Hiciera lo que hiciese, nada podría purificarle
mientras no confesase su propio pecado.
¿Su pecado? Se encogió de hombros.
La muerte de Basilio Hallward parecíale una cosa insignificante.
Pensaba en Hetty Merton.
Era un espejo injusto aquel espejo de su alma
en que se miraba.
¿Vanidad? ¿Curiosidad? ¿Hipocresía?
¿No había nada más que eso en su renunciamiento?
Había algo más. Al menos, eso creía.
Pero, ¿quién podía decirlo...?
No. No había nada más.
Por vanidad la había respetado.
Por hipocresía había llevado la máscara
de la bondad.
Por curiosidad había intentado la renuncia.
Ahora lo reconocía.
Pero aquel crimen,
¿iba a perseguirle durante toda la vida?
¿Iba él a estar siempre bajo el peso de su pasado?
¿Debía realmente confesar? Nunca.
No había mas que una prueba contra él.
Su retrato era aquella prueba.
Lo destruiría. ¿Por qué lo había conservado tanto tiempo?
En otro tiempo encontraba placer en contemplar
cómo cambiaba y envejecía.
Desde hacía mucho no había experimentado
semejante placer.
Le tenía desvelado por la noche.
Cuando salía, sentíase lleno de terror de que
los otros pudiesen verlo.
Había aportado la melancolía a sus pasiones.
Su simple recuerdo le echaba a perder muchos momentos de alegría.
Había sido como una conciencia de sí mismo.
Sí, había sido su conciencia. Lo iba a destruir.
Mirando a su alrededor, vio el cuchillo con el cual hirió a Basilio Hallward.
Lo había limpiado muchas veces, hasta que no quedó ni una mancha en él.
Relucía.
De la misma manera que había matado al pintor,
mataría su obra y todo lo que encerraba de misterio.
Mataría el pasado, y cuando hubiese muerto, seria libre.
Mataría aquella monstruosa alma viva y, sin sus horrendas advertencias, recobraría el sosiego.
Cogió el cuchillo y con él apuñaló el retrato.
Se oyó un grito y una caída.
El grito de agonía fue tan terrible
que los criados, despavoridos,
se despertaron y salieron de sus cuartos.
Dos señores que pasaban por la calle
se detuvieron y miraron hacia la gran casa.
Siguieron andando hasta encontrar a un policía
y lo llevaron hasta la casa.
Este llamó a ella varias veces, pero no contestaron.
Excepto una luz en una de las ventanas más altas,
la casa estaba completamente a oscuras.
Al cabo de un rato, el policía se marchó
y fue a situarse junto a una puerta vecina, observando.
- ¿De quién es esta casa? –preguntó el más viejo de los dos señores.
- Del señor Dorian Gray –respondió aquél.
Miráronse uno a otro, y al irse hicieron un gesto de desprecio.

Uno de ellos era el tío de sir Enrique Ashton.

Dentro, en las dependencias de la servidumbre, los criados, a medio vestir, hablaban entre ellos en voz baja.
La vieja señora Leaf gritaba y se retorcía las manos.
Francisco estaba pálido como un muerto.
Cerca de un cuarto de hora después,
se dirigió éste al piso de arriba con el cochero
y con uno de los lacayos.
Golpearon la puerta, pero nadie contestó.
Llamaron desde fuera. Todo estaba tranquilo.
Por último, después de haber intentado inútilmente
forzar la puerta, subieron al tejado y se dejaron caer sobre el antepecho.
Las ventanas cedieron fácilmente: los cerrojos eran viejos.
Al entrar, vieron colgado en la pared un espléndido retrato de su amo, tal como lo habían visto últimamente, en toda la maravilla de su exquisita juventud y de su belleza.

Tendido sobre el suelo había un hombre muerto,
en traje de etiqueta,
con un cuchillo en el corazón.
Estaba ajado, lleno de arrugas y su cara era repugnante.
Hasta que examinaron las sortijas,
no supieron quién era el hombre que yacía muerto.

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19 Septiembre 2006

Sin Sentimientos

Puedes leerla completa dando click aki!!!!

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6 Septiembre 2006

Tu Magia

La magia de tus ojos
me han enamorado
abiertos como dos luceros
dulcemente me embelesa.

Te miro, me miras
que belleza,
tu mirada insistente
me estremece de deseo.

Tus azulinos ojos
en mi están grabados
al igual que las cosas
que de tu mano llegaron.

Es tu magia toda
que me enloquece
y enamora...
como niño adolescente
que corre libremente
y espera ser abrazado por ti
mi amor de siempre.

Quiero escribir versos
que hagan magia,
que se beban el rocío
embriagado de la noche.

Que mis versos se internen
en la noche profunda
donde abundan las estrellas
y la muerte no existe.

Quiero una nube
donde poder treparme,
viajar por los cielos
alto, muy alto!.

Enarbolando banderas
que anuncien alboradas
y duendes luminosos
abran paso a la quimera.

Cuando el hechizo acaricie
con sus manos mágicas mis sueños,
despertaré a la luz,
para disolverme en la mañana.

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12 Julio 2006

Cuando el amor se acaba

Cuando el amor se acaba ni la amistad se quiere quedar
no es lo mismo, no es igual la luz del amor...
se apaga.

Cuando el amor se enfria aparecen los terceros
se esfuma aquel te quiero que nos decimos un dia.

Cuando el amor se detiene se va hundiendo en el lodo
nos olvidamos de todo hasta de cuanto se quiere.

Cuando el amor se olvida solo viven los recuerdos
el amor se va a otro puerto marchandose con tu vida.

Cuando el amor se oscurece y nos ennegrece el rencor
buscamos a otro amor y lo damos a quien no lo merece.

Cuando le mentimos al amor cosechamos solo caprichos
es mentira todo lo dicho el amor tiene otro sabor.

Cuando el amor se va ya nada podemos hacer
el amor solo llega una vez y si se va no vuelve jamas.

Cuando el amor se pierde, amor ya no vuelves a ganar
conoces la soledad y solitario sientes que mueres.

Cuando lastimas en el amor solo recibiras quejas
maltratas a tu pareja y siembras solo dolor.

Cuando humillas a tu pareja tu destrozas su corazon
tu matas toda ilusion solo el remordimiento se deja.

Cuando el amor se termina los ruegos ya no te alcanzan
ya no existe ninguna esperanza mas de un adios la fulmina.

Cuando eres infiel en el amor te portas como un cobarde
de pronto es demasiado tarde hasta para pedir perdon.

Cuando el amor se aleja le ruegas a Dios que vuelva
antes que tu vida se disuelva y una desgracia te aqueja.

Cuando el amor no retorna no vales nada en este mundo
eres solo un perro moribundo que en la basura busca sobras.

Cuando el amor no esta en tu vida ya no lo encuentras en tu cama
lastimas a la que te ama y le causas muchas heridas.

Cuando tu amada ya no es tu amor de nada sirve haberla amado
la felicidad queda en el pasado solo nos queda un sinsabor.

Cuando el amor esta enfermo los dias buenos no se asoman
eres un paciente en coma y solo vives un infierno.

Cuando el amor se acaba a tu puerta ya no llama
perdiste a la que te ama estas muerto...
ya no eres nada.

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16 Junio 2006

Si Esta Noche Te Sientes Sola

Si esta noche te sientes sola
y sientes a tu corazón vacío y cansado,
es tal vez porque no tienes a alguien
que hoy tome tu mano;
si lloras al oír alguna canción de amor,
deja de llorar, toma tu pañuelo
y trata de decirle adios a tu soledad,
dile adios e inventa un amor;
invéntate un romance,
sueña con ese hombre que esperas
y piensa en que mañana
con ese hombre estarás.

No se porqué estás sola,
tal vez piensas que ese a quien amas
no te quiere, o quizás demasiada soledad
no te hace ver que eres especial,
porque tal vez muchos hombres
desean poder besarte esta noche
y alguno de ellos puede estar llorando
por ti esta noche.

Pero sola te encuentras
y si escuchas mis versos,
algo en ti quiero cambiar,
quiero decirte que si tu lo decides
podrás de nuevo volver a amar,
porque el secreto para conquistar
un amor es muy fácil,
solo dile a quien amas
dos simples palabras magicas
que son las llaves que abren
cualquier cerradura,
dos palabras que abren
hasta las puertas
de los corazones mas duros,
la de aquellos corazones
que pensaste nunca podrías alcanzar.

Cuando digas estas palabras
dilas con la fuerza de tu alma,
que muy dentro de ti salgan,
usa estas simples palabras mágicas,
anímate, tal vez esa persona
que amas pronto bese tus labios;
arréglate el pelo, elige el mejor vestido,
dibuja una sonrisa en tu rostro,
llámalo, ve y dile
TE AMO.

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16 Junio 2006

Si Me Voy Antes Que Tú

Si me voy antes que tú,
no llores por mi ausencia;
alégrate por todo
lo que hemos amado juntos.

No me busques entre lo muertos,
en donde nunca estuvimos;
encuéntrame en todas aquellas cosas
que no habrían existido si tú y yo
no nos hubiésemos conocido.

Yo estaré a tu lado, sin duda alguna,
en todo lo que hayamos creado juntos:
en el sudor compartido tanto en el trabajo
como en el placer,
y en las lágrimas que intercambiamos.

Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado
y que, irremediablemente,
recibieron algo de nosotros,
y llevan incorporado
-sin ellos ni nosotros notarlo-
algo de ti y algo de mí.

También nuestros fracasos,
nuestra indolencia y nuestros pecados
serán testigos permanentes
de que estuvimos vivos
y no fuimos ángeles, sino humanos.

No te ates a los recuerdos ni a los objetos,
porque dondequiera que mires
que hayamos estado,
con quienquiera que hables
que nos conociese, allá habrá algo mío.

Aquello sería distinto,
pero indudablemente distinto,
si no hubiésemos aceptado
vivir juntos nuestro amor
durante tantos años;
el mundo estará ya
siempre salpicado de nosotros.

No llores mi ausencia,
porque sólo te faltará mi palabra nueva
y mi calor de ese momento.
Llora, si quieres, porque el cuerpo
se llena de lágrimas
ante todo aquello que es más grande que él,
que no es capaz de comprender,
pero que entiende como algo grandioso,
porque cuando la lengua
no es capaz de expresar una emoción,
ya sólo pueden hablar los ojos.

Y vive.
Vive creando cada día, y más que antes.
Porque yo no sé cómo,
pero estoy seguro de que,
desde mi otra presencia,
yo también estaré creando junto a ti,
y será precisamente en ese acto
de traer algo que no estaba,
donde nos habremos encontrado.
Sin entenderlo muy bien, pero así,
como los granos de trigo que no entienden
que su compañero muerto en el campo
ha dado vida a muchos nuevos compañeros.

Así,
con esa esperanza,
deberás continuar dejando tu huella,
para que, cuando tu muerte
nos vuelva a dar la misma voz,
cuando nuestro próximo abrazo
nos incorpore ya sin ruptura
a la Unica Creación,
muchos puedan decir de nosotros:
si no nos hubiesen amado,
el mundo estaría más triste.

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